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miércoles, 12 de diciembre de 2012

Julián

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JULIÁN

Julián se quedó mirando la tripa de su tía, aún no podía creer que fuera a tener un compañero de juegos. 

“¿Pero cómo habrá sido capaz mi tía?” se preguntaba asustado.

- Julián, mi amor, ¿estás bien? ¿oíste lo que te dije? - decía María con tono dulce.

Su cara era todo un poema. Sabía que iba a afectarle pero no hasta tal punto de dejarle sin palabras. Siempre había sido un niño muy hablador, inquieto, activo pero aquella noticia le había noqueado por completo. Al poco rato, reaccionó.

- Dime tía, ¿a qué saben los niños?

María, al principio no entendió la pregunta, más tarde, siguiendo la mirada del niño, comprendió. Una hermosa melodía invadió la estancia. La risa de María culminaba aquel mágico momento.

- Cielo, no me he comido a ningún niño – volvió a sonreír – Aún eres muy pequeño para que puedas entenderlo pero, ven, siéntate, te lo explicaré.

Julián se acercó más a María. Estaba sentada en aquella gran mecedora verde situada justo al lado del radiador, donde solía sentarse a leer cuando la jornada terminaba y podía disfrutar de ese pequeño momento de paz. Ésta le acogió en su regazo y con una voz serena y tranquila comenzó a hablar.

- ¿Sabes quién es el niño de esta foto?
- No.

María había cogido el álbum familiar, pensaba que sería más fácil explicarle a Julián todo aquel proceso mostrándonle como ejemplo sus propias imágenes de cuando tan solo era un bebé.

- Eres tú hace 5 años, el día en que naciste.
- ¡Qué pequeño! Se parece a la muñeca que tiene Alba. Esa que dice que no se la deja a Sandra, su hermanita, porque se la lleva a la boca y la muerde.

Alba era la hija de unos amigos de Ana, la hermana de María. Tanto ella como su marido pensaron, una vez que conocieron la noticia, que sería una buena idea que Julián estuviera rodeado de amigos que tuvieran bebés, de esa forma se iría acostumbrando a no tener tanta atención para él solo y el cambio que iban a experimentar todos, no sería tan traumático.

- Cuando naciste no eras así de grande. Has ido creciendo con el paso del tiempo.
- Eso es por la leche, como dice la abuela. Las judías verdes no me gustan, saben raras, aunque el abuelo dice que me las tengo que comer para ser tan grande como él.

María no podía contener la risa, Julián siempre había sido un niño muy despierto, demasiado inteligente para su edad y aquel momento estaba resultando muy gracioso.

- Seguro que dentro de algunos años serás tan fuerte como el abuelo.
- Si no me dejo nada en el plato, seguro que sí, eso es lo que me dice mamá. Pero dime tía, ¿a qué sabe un niño?
- Los niños no saben.
- ¡Pero tu te has comido uno!, a algo tiene que saber. ¿Es cómo las patatas fritas?, o ¿cómo el chocolate? - se quedó pensando unos minutos – Si es como el chocolate, yo quiero uno, a mí me gusta el chocolate.
- Cariño, los niños no se comen.
- Y entonces, ¿cómo ha llegado ahí? - señalando su tripa.
- Verás...

Maria no sabía como empezar, de pronto se le ocurrió una idea. 

- ¿Sabes dónde vamos algunas tardes cuando sales del colegio?
- A los columpios.
- Eso es, al parque.
- ¿Y con qué sueles jugar allí?
- Con mis amigos y con el cubo y la pala. El padre de Luís nos hace dibujos con la arena.
- Lo sé. Pero, el otro día encontraste algo que me diste, me lo regalaste, ¿te acuerdas?
- Sí, una flor. La mamá de Alba me dijo que te la diera.
- Una flor muy bonita. ¿Y qué hicimos con ella?

Julián no sabía muy bien adónde quería llegar su tía, se aburría, él sólo quería saber por qué se había comido un niño.

- La metimos en la tierra de afuera, ahí donde tienes las otras y le dimos de beber.
- Muy bien. Pues eso es lo que he hecho.
- ¿Te has comido la flor y se ha convertido en un niño?
- No cielo, no es así de sencillo, aunque se parece.

María no podía más, la imaginación de su sobrino era inmensa, intentaba buscar algo que  entendiera y con ello responder sus dudas.

- Verás, yo soy como la flor y tu sabes que a las abejas les gustan las flores, ¿verdad?
- Sí, vienen a olerlas muchas veces.
- Vienen a llevarse los granitos que tiene para poder fabricar la miel que tú te comes y algunas traen otros granitos de otras plantas y por eso, a veces, en la maceta vemos dos flores, porque han traído consigo una semilla que ha hecho que crezca otra flor distinta a la que teníamos. Pues, conmigo ha pasado algo parecido.
- Una abeja te puso ahí el bebé.

De nuevo María se reía con las ocurrencias de Julián. Mientras Sergio llegaba a casa, desde la entrada podía escuchar la conversación que su mujer y el pequeño mantenían, le llamó la curiosidad y se acercó despacio hasta el salón sin ser oído.

- No cielo. Fue el tío. Él puso una semilla en mí que hizo que el bebé creciera aquí dentro.
- ¿Entonces no te lo comiste?
- No.
- No lo entiendo, ¿puedo irme ya a jugar?
- Claro.

Al depositar a Julián en el suelo, María vio a Sergio sonriendo apoyado en el marco de la puerta.

- Hola cariño, ¿llevas mucho tiempo ahí?
- Lo justo para entender que Julián aún es muy pequeño para explicarle todo eso y quizás deban ser sus padres quienes lo hagan y no tú. 

Ambos se saludaron efusivamente.


El viernes, 16 de noviembre de 2012, Julián conocía a Hugo. María había dado a luz un niño sano y fuerte. Un bebé al que durante unos meses, desde que se hizo publica la noticia, el grupo Algo más que Lecturas ya comenzó a querer, a mimar y a adoptarle entre todos sus miembros como uno más de la familia. Aquel al que no le faltará ningún tío o tía que le caliente un biberón, le lea un cuento por la noche o cuide de él cuando sus padres estén ausentes.
Hugo, has entrado en mundo de locos, pero todos nosotros nos convertiremos en payasos para hacer tus días un poco más divertidos.
Al igual que Julián, todos los miembros del grupo y una servidora, estamos esperando con muchas ganas poder conocerte.
Dedicado a María, su esposo y a Hugo.

Autora: Raquel Sánchez García

4 comentarios:

Lia dijo...

Muy tierno, q inteligente es Julian...
salu2

May Baeza dijo...

Pero que escrito mas bonito!! que tierno, y a que preguntas mas comprometedoras nos someten a veces los pequeñajos, jeje enhorabuena, me ha encantado y felicidades a Maria Fele.Besos!!!!

Federica (Musas en el balcon) dijo...

Un relato encantador. Felicitaciones

Anónimo dijo...

Enhorabuena Raquel.
Muy tierno y agradable relato.
José Salieto